miércoles 10 de febrero de 2010

Capitán Planeta: ¡el muro ya cayó! Sergio Melnick.

(Aunque este artículo fue publicado hace varios
días por Diario La Segunda creemos que es de
suma utilidad para desenmascarar a algunos
personajes de nuestra política)


Capitán Planeta: ¡el muro ya cayó!

Sergio Melnick.

Tan mal funcionaba el socialismo, que hubo que construir un muro para que la gente no se arrancara. Aun así, miles lo intentaban y eran masacrados. Igual ocurre en Cuba, de donde arrancan como pueden. En los sistemas basados en la libertad, se puede ir el que quiera; al contrario, a veces hay que hacer muros para no ser invadidos. Lagos, quien insólitamente se apoderó del micrófono el día de la derrota para tomar el liderazgo de la fallida Concertación, levanta hoy su propio muro para evitar que exista una maravillosa opción de unidad nacional. Su discurso es inmediatamente seguido por los mismos perdedores que han sido pifiados reiteradamente por sus propios seguidores.

Lagos, el nuevo líder de la Concertación, sigue pegado en el discurso añejo y fracasado de «ustedes y nosotros», los buenos y los malos, los ricos y los pobres, el norte y el sur. Esa fue la semilla de la odiosidad, la división, la ruptura del siglo 20. Es tiempo de unidad, de hablar sólo de nosotros, de todos juntos, de construir, de mirar al futuro. La Concertación, en los dos gobiernos socialistas, se fue corriendo sistemáticamente a la izquierda, y asimismo creció la odiosidad, y también los malos resultados, además de la corrupción y la delincuencia. Son datos duros. En el período DC de la Concertación, el país avanzó al doble de lo que lo hizo en la segunda mitad socialista.

El gobierno de Bachelet se inició con la triste frase de amenaza: la derecha tiembla cuando la izquierda sale a la calle. La Mandataria después dijo: “ellos” no se atreven a mirar a sus hijos a la cara, y quieren ser como “nosotros”. Y corrió a besar la mano de Castro, el dictador. Así es como Bachelet, con su impericia política, termina destrozando a la Concertación y ésta pierde el poder. El país no quiso la “continuación de las políticas de Bachelet” que propuso Frei. Popularidad no es lo mismo que buen gobierno; la gente lo sabe bien, y así se pronunció. El récord de Bachelet fue simplemente mediocre.

Lagos, el nuevo pero añejo líder, ahora veta y condena a quienes tengan la osadía de colaborar en el nuevo gobierno: ¡el príncipe de la democracia! Se les califica de traidores. Me acuerdo ahora del “yo pienso PPD”. El poder por el poder. Por eso perdieron. Ese es el primer cambio por el que votó la gente.

Schaulsohn ha contado públicamente que Lagos quiso a Allamand en su gabinete. Bonito doble estándar. Es curioso que todavía no logren entender lo que está pasando en Chile y el mundo. Siguen mirando al pasado: justo lo que nos divide. Un pasado en que el mismo Lagos predicó la lucha de clases, la dictadura del proletariado, la eliminación de la propiedad privada, y tanta odiosidad.

Cuando la votación popular se reparte en dos bloques que se acercan al 50%, el mensaje es claro: nos gustan ambos bloques, queremos una combinación de ellos. Pónganse de acuerdo, eso es lo que realmente queremos. Pero Lagos, al parecer, sólo se oye a sí mismo. Es notable, porque si uno escuchara fuera de contexto su discurso del 17 pasado, hubiese pensado que había ganado la Concertación.

Hay países que tienen pasados gloriosos que sirven para unir. No es nuestro caso. Nuestro pasado siempre ha sido de divisiones, odiosidades, rencillas, inequidades. No hay rocas sólidas atrás en las que nos podamos afirmar para construir. Entonces, esos países deben unirse en su futuro si quieren progresar. Hay que buscar un espacio allí en que todos podamos caber mejor, y que sea ese punto el que nos impulse, que nos tire adelante. Esos espacios se construyen con la actitud abierta del presente: con unidad. Justo lo que Lagos, como actual líder de la Concertación, quiere negar.

Chile cumple ahora sus 200 años. ¡Qué gran oportunidad de empezar una nueva mirada para los próximos 200! No se trata de olvidar, pero tampoco de quedarse pegados en las disputas. Yo participé activamente con la Democracia Cristiana en un grupo que pensaba el futuro; nunca nadie de mi sector me acusó de traidor, y fue una gran experiencia, de la que estoy agradecido. Ahí se creó capital social. Cuando he colaborado técnicamente en proyectos de la Concertación, nadie de mi sector me ha descalificado, al contrario. No por ello dejé de criticar cuando me pareció necesario. Crecieron muchas amistades, y ahora espero aun muchas más con la ex Concertación. El mundo nuevo de las redes se basa en la cooperación más que en la competencia. Es tiempo de decir: Chile es primero, y en ese bote vamos todos. Unidad nacional y futuro: viva ese cambio.


sábado 30 de enero de 2010

Carta desde Davos, por Cristina Bitar.


Carta desde Davos,

por Cristina Bitar.

Queridos lectores:

Por segundo año tengo la suerte de estar en la conferencia anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza.

En esta “montaña mágica” se encuentran reunidos cerca de 2.500 de los más importantes líderes de gobiernos, empresas, organizaciones sociales, sindicales, religiosas y culturales. Es una experiencia única que quiero, en alguna medida, compartir con ustedes.

El año pasado se discutía de la economía cuando el mundo estaba al borde del precipicio debido a la crisis financiera y económica. El panorama entonces era desolador y la duda era si ésta era una crisis del modelo de economía de mercado. Pero, gracias a la decisiva y coordinada acción de los gobiernos y bancos centrales de los países miembros del G20 se evitó el colapso del sistema financiero mundial. Hoy la discusión nos muestra que son dos las grandes lecciones que el mundo ha sacado: la primera es que hoy estamos pagando el precio del comportamiento irracional e irresponsable que nos llevó a la crisis. Tenemos gobiernos masivamente endeudados, lo cual tendrá efectos concretos en el desarrollo futuro. La deuda gubernamental de Estados Unidos y Europa creció en más de 75%. El desempleo sigue siendo brutal, las inequidades persisten y con ese nivel de endeudamiento se espera que los gobiernos tengan que reducir su gasto social de manera importante. La segunda conclusión es que todas las apreciaciones sobre el fin del capitalismo fueron apresuradas y sesgadas. Al contrario, hoy se habla precisamente de prevenir cualquier intento irracional de cerrar las economías o sobrerregular los mercados.

Este 2010 se escucha fuerte el llamado para repensar los valores sobre los cuales construir el futuro, cómo rediseñar los sistemas globales y reconstruir las instituciones post crisis. Lo nuevo de esta crisis es que nunca antes se había vivido bajo un espíritu de comunidad universal. Cada emprendedor, cada trabajador y las autoridades siguieron en tiempo real lo que ocurría en Estados Unidos, en China, en Europa y en todos los rincones del planeta. La crisis nos deja un fuerte cuestionamiento como sociedad global, especialmente sobre el sentido de esto que llamamos globalización.

En su discurso de ayer, el Presidente Nicolás Sarkozy hizo un llamado a reformar el sistema financiero mundial y crear un nuevo Bretton Woods porque las reglas del pasado no son las que el mundo necesita hoy. Lo mismo se escucha en materia medioambiental post Copenhague, en materia de libre comercio post Doha y en materia laboral con todos los avances en la OIT. Los estándares mundiales en estas materias dicen que deben seguir cambiando y siendo más exigentes. Sin embargo todo esto topa con la globalización que compite con los problemas locales de cada uno de los países. Muchos prometen pero luego no cumplen y, por ende, nadie se atreve a dar el primer paso porque pierde en el proceso. Es por eso que el mismo Sarkozy criticó fuertemente la globalización y dijo que ésta no era una “crisis global sino una crisis de la globalización”.

Los temas sociales y medioambientales son centrales. A Bill Clinton y Bill Gates se los ve trabajando en la reconstrucción de Haití y moviendo a la comunidad mundial a actuar en materias de apoyo a los más pobres y desvalidos del mundo. La agenda medioambiental ha cobrado una relevancia que no podemos ignorar, tanto que el Presidente de México, Felipe Calderón, es quien hoy lidera esta materia de manera seria y responsable. Las exigencias de los países más desarrollados como los de Europa chocan con los costos y las necesidades de desarrollo de naciones como la nuestra. Ese es un dilema que se debe resolver.

En resumen: mercado, medio ambiente, solidaridad y la conciencia que el mundo es hoy una gran cadena en que cada eslabón soporta al resto son, hasta hoy, las claves de Davos 2010.

Les mando muchos saludos.


viernes 29 de enero de 2010

Entre declaraciones y negación

,

por Margarita María Errázuriz.

El terremoto en Haití ha revelado grandes vacíos en el sistema de apoyo y cooperación para el desarrollo entre los países de la región. Las señales de alarma de dicho sistema debieran haberse prendido hace tiempo a causa de Haití. También, esta situación invita a nuestro país a mirar desde otra perspectiva las ansias de ser parte de los grandes en el concierto mundial. Es de esperar que ésta sea una oportunidad para sopesar nuestras pretensiones y valorar nuestras raíces.

El desastre en Haití es desolador. Pero más trágico me parece su destino. Sin necesidad de remontarse a los dolores de su independencia, los últimos cincuenta años hablan de una seguidilla de desgracias. Luego de treinta años de horror durante el régimen Duvalier, se han sucedido los huracanes, las inundaciones y los aludes de lodo. Sin ir más lejos, a mediados de 2008 una tormenta tropical dejó a 800 mil personas sin techo. Así, esta nación ha llegado a ser el país más pobre del hemisferio occidental. El 78 por ciento de su población vive con menos de US$ 2 al día, y el 54 por ciento lo hace con menos de US$ 1 al día. Ello significa marginalidad, pobreza, crímenes y violencia. No es posible separar este terremoto de la historia de abandono y aislamiento que ha sufrido el país desde siempre.

Mirar de frente esta realidad, en una perspectiva histórica, genera rebeldía. Duele encontrarse con imágenes de personas que tienen la marca del sufrimiento y de la desesperanza acumulada… ¿Cómo es posible que hayamos vivido insensibles a esta realidad? ¿Cómo vivíamos tranquilos marginándonos de ella? Conceptos que tanto valoramos, como el de equidad en el acceso a los beneficios, de desarrollo armónico, de protección a las minorías y a los más vulnerables, no sólo deben aplicarse dentro de cada país, sino también a las relaciones entre países. Si lo hubiéramos hecho, realmente podríamos sentirnos parte de una humanidad y Haití podría haberse salvado.

La tragedia de Haití, al golpearnos fuertemente, nos muestra que tenemos que repensar nuestra forma de relacionarnos hacia el exterior. No se trata sólo de acudir en ayuda cuando hay catástrofes, lo que por cierto es necesario hacer; se trata de preocuparnos de que los países avancen conjuntamente en el día a día. Esa es la justificación de tantos foros multilaterales y tantas siglas que han creado nuestros jefes de Estado para salvaguardar el bienestar de la región.

Las cumbres de las Américas (desde 1994); las de jefes de Estado de América Latina y el Caribe con la Unión Europea (desde 1999); la Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo (2008) y tantas otras, de las cuales Haití es parte, abundan en declaraciones sobre el desarrollo social; el combate a la pobreza, a la desigualdad y a la exclusión; la promoción de sistemas de protección social. Si fueran operativas, debieran haber cambiado la cara de Haití. Bajo ese prisma, habría que explicar por qué su desarrollo social ha quedado rezagado y no cuenta con un sistema institucional eficiente ni con organización en la base social y con participación ciudadana. Qué distinta sería la reconstrucción de Haití y la entrega de ayuda si existiesen esas condiciones básicas.

Es difícil explicarse esta situación. Se supone que esas reuniones contribuyen a la cooperación horizontal, pero sus resultados hoy no los vemos. No quisiera creer que se han convertido en una plataforma para los países más desarrollados de la región, donde se lucen con sus propuestas y experiencias y donde los más pobres sólo hacen número.

Pienso que en esa misma tónica, de destacarnos y lucirnos como país, hemos estado demasiado pendientes del desarrollo de otras regiones del planeta, sintiendo que en la nuestra somos los distintos, los que saben hacer las cosas, los que están abiertos al mundo. A la luz de la realidad de Haití, resulta penoso y triste nuestro orgullo. Nuestras raíces están en la región, no podemos descuidar lo nuestro. Es tiempo de saber dónde tenemos que poner nuestro corazón.


martes 26 de enero de 2010

La noche después del asesinato de RCTV, por Roberto Giusti .

La noche después del asesinato de RCTV, por Roberto Giusti .

Se usó una fecha simbólica y autores interpuestos para eliminar al canal.

Sin himno nacional, lágrimas o despedidas dramáticas, al estilo 27 de mayo, el cierre definitivo de RCTV Internacional se consumó de un solo y abrupto golpe a la exacta medianoche de sábado para domingo. Un par de horas antes el inefable segundón del régimen, el hombre de los trabajos sucios, había dado la orden a las cableras, pero ya desde días antes la suerte estaba echada para los 1.500 trabajadores del más antiguo canal de TV venezolano.

Lo dijo con todas sus letras Marcel Granier ("no transmitiremos cadenas que carezcan de interés noticioso") en un gesto de coraje y desprendimiento imposible de negar en estos tiempos de obsecuencia y abyectos pragmatismos.

Se impusieron los principios. Desaparece una referencia vital de opinión pública y entretenimiento que logró repotenciarse en el cable para darle continuidad a unas líneas informativas y editoriales que continuaron minando la hegemonía comunicacional del Gobierno.

Por eso había que darle el puntillazo final, librarse de ese incordio de una vez por todas y hacerle sentir al país que ya poco importan la escasa popularidad del mandamás o las consecuencias de un nuevo asesinato mediático. Fue así como, conscientes de que RCTV no bajaría la cabeza, buscaron el pretexto en una fecha simbólica como el 23 de enero. En plena celebración de un insólito acto político, con gente pastoreada desde los más lejanos rincones del país, convocaron una minicadena de sólo unos minutos y luego, ya validos de la causa para justificar la decisión, (RCTV no se pegó a la señal), organizaron la ejecución bajo la forma de una rueda de prensa en la cual el segundón del régimen fungió, otra vez, como el pequeño verdugo de los medios. Poco después se consumaba, por interpuestos autores, en acción retardada pero fulminante la salida del aire que no dejó chance sino para dos póstumos comunicados.

Aún es muy temprano para medir las consecuencias de un hecho que pone en evidencia a un gobierno cada día más lejano de las prácticas democráticas y en desesperada búsqueda de la confrontación. Pero seguramente las habrá. De manera que muy posiblemente se repetirá la historia de 2007, el Gobierno lanza el anzuelo represivo, surge la protesta nacional, hay unas elecciones en ciernes y las pierde. Sólo que ahora está mucho más débil y golpeado por la crisis. Por eso esta vez no sólo habrá que ganar, sino imponer las consecuencias de la victoria.



miércoles 20 de enero de 2010

Hay que saber ganar y perder, Juan Carlos Altamirano.

Hay que saber ganar y perder,

Juan Carlos Altamirano.

El resultado de la elección presidencial plantea desafíos complejos, tanto para el nuevo gobierno como para la nueva oposición. Después de un proceso reñido, con fuertes descalificaciones y heridos por ambas partes, el país ha quedado dividido, una vez más, en dos grandes bloques, opuestos y poderosos. Hasta ahora, entre esos bloques han existido diferencias en cuanto a cómo enfrentar el desarrollo del país. Sin embargo, dado que la nueva mayoría pide cambios hacia un modelo de derecha, y el otro 48% pide cambios progresistas, existe el peligro potencial de que estas “diferencias” se transformen en polos antagónicos.

Por consiguiente, en este período que se inicia, el primer desafío que tienen el gobierno y la oposición es impedir que Chile se polarice en torno a dos opciones que teóricamente se contradicen entre sí. En nuestra historia, varios procesos de cambios han terminado en crisis institucionales. Por cierto, estamos muy lejos de aquel escenario. No obstante, es necesario tener presente que, a pesar de los llamados de unidad nacional y buena voluntad, todo cambio significativo trae consigo conflictos y divisiones. Por tanto, si el proceso no está conducido con responsabilidad y sentido común, tanto por los que promueven los cambios como por sus opositores, la posibilidad de la polarización será creciente.

Es gratificante y una buena señal que el nuevo Presidente reconociera los logros de los 20 años de gobierno de la Concertación, pues, efectivamente, nunca en la historia de Chile había existido un período con mayor paz social, estabilidad política y crecimiento económico. Por primera vez somos un ejemplo internacional como país democrático, moderno y con buenas prácticas. No obstante, si bien es innegable que hemos progresado, la mayoría pide cambios, pues las expectativas de mejoramiento —de mayor calidad de vida, salud, educación, seguridad— se han multiplicado. Al mismo tiempo, estas demandas no han sido resueltas debido a un claro desgaste de la Concertación y a su falta de renovación política. Resolver esta frustración de expectativas, e implementar una nueva forma de hacer política, es otro gran desafío del nuevo gobierno.

La pregunta que todos se hacen es qué tipo de cambios se van a introducir y qué tipo de oposición existirá. Me atrevería a predecir que, si los cambios que se introducen corresponden a las ideas de la derecha liberal, debiera haber una oposición básicamente constructiva. Por el contrario, si se termina imponiendo la derecha conservadora, entonces habrá una oposición radicalizada y una polarización del país. La pelota esta en manos del Presidente electo.

En este sentido, sería un grave error si el nuevo Mandatario introduce cambios que desmantelen lo realizado exitosamente, por no formar parte de su ideología y modelo de desarrollo. Lo lógico sería que se apropiara de los logros de la Concertación: las políticas de protección social, crecimiento con equidad, desarrollo de la diversidad cultural. Fue lo mismo que hizo la Concertación al apropiarse del modelo económico.

Por otro lado, si efectivamente el nuevo Mandatario introduce en la administración del Estado a una nueva generación de centroderecha, lo lógico sería que la oposición le diera la chance para que esta derecha renovada y liberal se consolide y legitime. Hay que entender que la necesidad de recambio está en los dos bloques. Sin embargo, no se saca nada con introducir nuevos profesionales en la administración pública, si al primer desacierto son despedidos y reemplazados por los dinosaurios de la política tradicional. Ya ocurrió en los gobiernos pasados.

Tenemos la posibilidad de dar un gran salto en base a lo construido, siempre y cuando, por parte del gobierno y la oposición, se busquen los consensos y acuerdos necesarios. Felizmente, ambos han declarado dicha intención. El desafío es mantener esta promesa en medio del fragor de la lucha política futura, cosa nada fácil de garantizar.

En definitiva: ¿estamos preparados para enfrentar estos desafíos? Si no se sabe ganar y perder, difícilmente lo estaremos. Dado que se han invertido los roles del espectro político, la derecha deberá aprender a gobernar sin autoritarismos y dogmatismo, sin prepotencia y arrogancia. Por su parte, la Concertación ahora deberá aprender hacer una oposición constructiva, sin rencor y revanchismos, sin sectarismos ni odiosidad. Si esto ocurre, la vieja politiquería pierde, y el país gana. Así de simple.



viernes 15 de enero de 2010

MEO, engaño y mentira.

MEO, engaño y mentira.


Sin duda el apoyo que dio Marco Enríquez Ominami a Eduardo Frei Ruiz Tagle constituye un engaño a quienes creyeron en el y en la opción, alternativa entre la concertación del pasado y la derecha que no le gusta, con lo que, como es obvio, agregó una dosis de desencanto a quienes ya no se sentían representados por ninguno de los bloque.


Como si lo anterior fuera poco, que nosotros consideramos dentro de lo que hemos calificado como estafa social, MEO le mintió al país asegurando que su padre biológico, un terrorista que murió en enfrentamiento con las fuerzas del orden, había sido asesinado, asegurando que la derecha llenó de luto a nuestra patria.


Marca Enríquez Ominami había despertado interés, primero por sus actitudes díscolas, y luego por un planteamiento de renovación cambio que llamaba a dignificar, transparentar y adecentar la actividad pública, por lo que cualesquiera que analizara los resultados del 13 de diciembre le podía asegurar un promisorio futuro.


Pensamos que Marco Enríquez Ominami se hizo el haraquiri político, tirando por la borda su porvenir político, transformándose en el símil de la izquierda del Fra-Fra, Francisco Javier Errazuríz, es decir en un verdadero cadáver de la vida pública. Lo lamentamos, básicamente por aquellos que le vieron como una posibilidad de mejor la política.


Creemos que MEO forma parte de esas luminarias, que aparecen de tanto en tanto, de escasa calidad, que al ser conectadas a la energía dan un potente destello para inmediatamente quemarse y dejar a todos los que creyeron en su oferta en la más absoluta obscuridad.



viernes 8 de enero de 2010

Plata quemada, por Cristóbal Guarello.


Plata quemada,
por Cristóbal Guarello.


¿Por qué Carlo de Gavardo tira el currículo para justificar el aporte estatal a su Hummer? Muy prepotente.


¿Sabrá que en Chile existen miles de artistas, intelectuales, profesionales, médicos, creadores y escritores mundialmente reconocidos que jamás han recibido un peso del Estado? Algunos hacen patria investigando la cura de enfermedades peligrosas o buscando nuevas tecnologías con fondos miserables. Ellos han visto un millón de dólares sólo en películas.


Que De Gavardo entienda. Nadie discute su condición de figura del deporte, y nadie cuestiona que gracias a él un porcentaje relevante de este Dakar está en Chile. Lo que uno se pregunta son las razones y el mecanismo que lo convirtieron en el deportista chileno en el que más se ha invertido en la historia. Según este diario, 300 mil dólares por día. ¿Fue un premio? Admítanlo entonces. ¿Fue como promoción turística? Muestren el proyecto. ¿Fue para que Chile ganara el Dakar pese a que el piloto apenas comienza a correr en auto? Dudoso. A la larga fue porque De Gavardo lo pidió, y como era De Gavardo le dieron el dinero. Ahora, si era tan rentable, ¿por qué la empresa privada no puso los recursos? ¿Les tiró el currículo a los empresarios cuando les fue a pedir dinero?


No pues, Carlo, el que se cuestione semejante gasto era previsible y, sobre todo, necesario. Aquí no funciona la lógica de “es porque soy yo”. Esto es una democracia. Si a Tomás González le pasan un millón de dólares para competir en gimnasia acrobática y queda eliminado a la primera de cambio, las dudas serían iguales. Como dice Serrat, “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.


Recuerdo a Patricio Sáez Godoy, campeón mundial de caza submarina hace cuatro años en Portugal. La historia es novelesca. Participó sin un peso y tuvo que mariscar en Europa para sustentar su competencia. Y les ganó a todos. Meses más tarde le entregaron un chequecito de once millones, con los que pagó las cuentas y alimentó a su familia. Y no le tiró el currículo en la cara a nadie.

Nota de la Redacción:
En general no nos referimos a temas deportivos, pero, este caso lo consideramos una vergüenza, pues con fines netamente publicitarios el Gobierno la concertación no duda en dilapidar los fondos públicos, en un país que tiene tantas necesidades insatisfechas.

Hemos tomado esta columna de Juan Cristóbal Guarello, de Diario El Mercurio, por considerar que el tema es importante, que es importante desnudar la impudicia de quienes nos están Gobernando.